martes, 19 de julio de 2011

CUENTOS: La senal lejana del siete, La busqueda de la espada, la metresa en suenos de alquimia de Pedro Antonio Valdez


La señal lejana del siete   de     Pedro Antonio Valdez 

El ángel se le apareció en el sueño y le entregó un libro cuya única señal era un siete. En el desayuno miró servidas siete tazas de café. Haciendo un leve ejercicio de memoria reparó en que había nacido día siete, mes siete, hora siete. Abrió el periódico casualmente en la página siete y encontró la foto de un caballo con el número siete que competiría en la carrera siete. Era hoy su cumpleaños y todo daba siete. Entonces recordó la señal del ángel y se persignó con gratitud. Entró al banco a retirar todos sus ahorros. Empeñó sus pertenencias, hipotecó la casa y consiguió préstamo. Luego llegó al hipódromo y apostó todo el dinero al caballo del periódico, coincidencialmente en la ventanilla siete. Sentóse -sin darse cuenta- en la butaca siete de la fila siete. Esperó. Cuando arrancó la carrera, la grada se puso de pie uniformemente y estalló en un desorden desproporcionado; pero él se mantuvo con serenidad. El caballo siete cogió la delantera entre el tamborileo de los cascos y la vorágine de polvo. La carrera finalizó precisamente a las siete y el caballo siete, de la carrera siete, llegó en el lugar número siete.

La búsqueda de la espada
Quien muere dormido ignora que ha muerto.
Talmud
Luego de su fracasada búsqueda del Santo Grial, Luca de Santamaría se internó en un manojo de papeles antiguos y un ajado ejemplar de la Historia Scolástica. Veintidós años de cálculos geométricos o cartográficos, sumados a otros cinco de correcciones imparciales que en ocasiones lo llevaron a diferir de Ptolomeo, arrojaron por resultado una diminuta cruz sobre un mapa gastado, la cual señalaba el lugar exacto donde el Ángel del Señor había enterrado la espada que guardaba al Árbol de la Vida y de la Ciencia del Bien y el Mal, cuya ventura debía transferir la eternidad a quien la encontrare. La expedición partió de inmediato rumbo a las tierras orientales. La travesía se extendió por algunos meses durante los cuales no se hizo tardar el racionamiento, las fiebres, el saqueo, la deserción y uno que otro ahorcamientos en nombre de la Fe. Una mañana de San Miguel, arribaron al sitio señalado, cavaron en cruz y desenterraron la espada, que estaba tibia. La espada era de hierro forjado y había caído allí por simple casualidad en los primeros años de la Santa Cruzada. Pero nadie lo supo. Esa misma tarde, Luca de Santamaría -dormido y cargado de gloria- murió bajo la sombra de un árbol.
La metresa en sueños de alquimia
El hombre salió al patio y contempló inexpresivamente al perro atado al árbol. Luego soltó la cadena y regresó al interior de la casa. El perro, que era de madera, siguió inmóvil y silencioso debajo del árbol. La cadena se estiró levemente y desapareció arrastrándose entre los guijarros.





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